Divino Pastor “El Buen Jesús”

Escultura labrada en madera de cedro y policromada al óleo, de porte 60 cm., la cual ha sido realizada como nueva imagen corporativa de la marca de quesos manchegos “El Buen Jesús”, una fábrica que reabre su producción con una imagen corporativa renovada.

Desde sus inicios allá en 1994, esta quesería, situada en la villa manchega de Bolaños de Calatrava (Ciudad Real), recurrió como imagen corporativa al Sagrado Corazón de Jesús, queriendo así tener una imagen de marca personal tradicional desde la elaboración artesanal de sus productos hasta su logo, poniendo de manifiesto una fuerte personalidad, marcada por sus principios y convicciones culturales como religiosos.

De esta forma, en la nueva reapertura de la tradicional quesería, han querido contar con una reformulación de su imagen corporativa, adaptada a la contemporaneidad. Así, el nuevo “Buen Jesús” es un Divino Pastor que cuida de sus ovejas, principal fuente de riqueza de la finca y quesería.

Análisis formal de la obra.

En cuanto a la fuerza expresiva del sentido de la composición, el niño Jesús, tomando como referencia la pintura del Buen Pastor, de Murillo, abraza a la oveja con su brazo izquierdo como símbolo de la metáfora bíblica del buen pastor que apacienta y cuida de sus ovejas, mientras que, con la mano derecha, señala el suelo en el que viene a pastorear. Además, las ruinas de arquitectura tienen un doble significado porque, por una parte, se enmarcan dentro de una tradición virgiliana en la literatura y las artes pláticas que gusta de la imagen del pastor entre los restos caídos de un pasado esplendoroso y, por otra parte, la iconografía cristiana utilizó frecuentemente la referencia a ruinas clásicas como símbolo del paganismo vencido por el cristianismo como el camino, la verdad y la vida, por lo que aparece sentado sobre un fragmento de cornisa de orden clásico a modo de ruina antigua, viniendo a simbolizar que “El Buen Jesús” se asienta sobre la antigua fábrica.

Francisco Javier Muñoz Boluda
Luis Núñez-Ginel de Medrano